Posiblemente sea un cuento de hadas…
Cada mañana mi vida es iluminada por un ángel de alas plateadas, enormes; me saluda con un tierno beso en mis labios y sonriendo, a veces quitándose de su cuerpo algunos residuos de Morfeo mientras se estira, me dice buenos días mi amor ¿cómo dormiste? y yo no puedo ocultarle la alegría regocijante que se alberga en mi ser desde que ella esta a mi lado. ¿Qué?, ¿qué hago? pues se lo demuestro con un conjunto de armoniosas caricias, que para mi fortuna la mayoría de veces terminan en una estrepitosa demostración de deseo y amor,
¡es como disfrutar de un buen plato de ambrosía!
Aun siento que el alma se me parte en dos
cuando ella debe partir o cuando yo debo hacerlo,
pareciera que el tiempo se buscara la forma de dilatarse y alargar la espera para tenerla cerca de nuevo, pero cuando esto ocurre, ¡euforia desatada!,
nuestros labios se funden en el mas carnal de los besos, casi como si Caronte esperara a uno de los dos o como si por el contrario hubiera traído de vuelta a alguno; justo ahí en medio de nuestra privacidad deseada no hay excusas para amarnos con todo y cada una de las partes de nuestros cuerpos, las manos parecen no bastar para recorrer la piel de ese amante casi eterno, los labios no son suficientes para beber el dulce néctar, ese sabor indescriptible del otro, - hay días en los cuales sabes a risas, a locura, a tarde soleada junto al mar, a un helado de arequipe con chispas de chocolate-.
También puedo contar que no cabe entre
nosotros alguna ideología, doctrina o filosofía
diferente al amor, ella me lo demuestra cada vez que toca mi rostro mientras un finísimo hilo de oro que sale de su boca dice “te amo” escrito con letras de colores que se
introducen lentamente en mi esencia, porque
también puedo afirmar sin temor alguno que
nuestras esencias se aman, ¡si! eso es, nuestras esencias se buscan, porque no hay nada más agradable en la vida que compartirla con tu “anima gemela” como diría mi profesora de italiano. Eso eres tú, una chispa de luz, preciosa y grandiosa, salpicada en un diminuto universo, en mi universo que perdió la oscuridad con tu llegada.
Por otro lado, yo también significo grandes cosas para ella, soy por ejemplo, una fuente inagotable de amor, un pozo sin fondo del cual puede beber cuando apetezca, soy un marinero que una noche soltó su ancla al decirle, en medio del temor, “te amo”,
no seré un ángel como ella pero también tengo un buen par de alas para volar hasta su presencia, provistas por este sentimiento inmenso que me provocas.
Posiblemente solo sea un cuanto de hadas… pero ¿cuantas buenas historias eternizadas no comienzan así?
Julián Ortiz Muñetón
martes, 14 de julio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario